No hay duda de que algunos de los mejores pacientes y clientes de un pediatra son los niños que acuden a la guardería. Está mal que lo diga, pero es una realidad. Esto se debe al alto riesgo que tiene un bebé de enfermarse en un medio en el que se encuentran muchos niños, ya que se favorece la diseminación de infecciones con gran facilidad. Una de las labores que tenemos que hacer los pediatras es advertir a los padres, desesperados porque su hijo “siempre está enfermo”, de que mientras un bebé está en la guardería existe el riesgo de adquirir todo tipo de infecciones, en especial las virales. Estamos conscientes de que los padres los envían a las guarderías no por gusto, sino por necesidad, pues ambos padres trabajan colaborando en el sustento familiar. Un estudio realizado por la Academia Americana de Pediatría concluye que un niño que asiste a la estancia infantil o guardería tiene más cuadros gripales, influenza, diarreas e infecciones de los oídos que el niño que es cuidado en su casa. En la guardería, los niños se intercambian los juguetes de unos a otros, no se lavan las manos frecuentemente, no se cubren la nariz al toser o estornudar, se meten las manos a la boca y se frotan los ojos y la nariz frecuentemente, lo que hace que se contagien de cuadros gripales y adquieran la influenza en forma inevitable; pero eso no es todo, estas infecciones virales repetidas son propicias para que el niño adquiera otras infecciones causadas por bacterias como son las de los oídos. Otro estudio de investigadores mexicanos del Centro Médico Nacional concluye esto mismo y sugiere que sea analizada en el país la calidad de los servicios de estos centros y que se revisen sus medidas de atención a los niños con el objeto de disminuir la incidencia de enfermedades respiratorias.
El personal de la guardería debe mantener una comunicación con los padres, y éstos deben informar al personal sobre los síntomas previos de sus hijos y la guardería tiene que tener toda la información necesaria para localizar a los padres en caso necesario. Cuando el personal detecta que un bebé presenta fiebre, rechazo al alimento, irritabilidad , disminución de la actividad o del estado de alerta, debe informar a los padres, ya que estos datos pueden indicar el inicio de una enfermedad. Cuando los niños presentan fiebre mayor de 38.5º C, erupción o exantema en la piel acompañado de fiebre, diarrea, vómito, llanto persistente e irritabilidad, dificultad para respirar, tos persistente o color amarillo en los ojos o en la piel (ictericia), deben ser suspendidos de la guardería y se les debe avisar a los padres para que lleven a su hijo con su pediatra. Las guarderías deben de tener reglamentos bien establecidos y llevarlos a cabo para evitar infecciones entre todos los niños. Los padres deben aceptar estos reglamentos. Es frecuente que los padres se molestan porque su hijo fue suspendido por enfermedad, ya que ellos trabajan y no tienen quien se haga cargo del niño; por eso, los padres deben planear previamente quien se hará cargo de su hijo enfermo mientras está suspendido de la estancia.¿Quién debe cuidar al niño en ausencia de los padres?



