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sábado, 19 de enero de 2013

MOLUSCO CONTAGIOSO



El molusco contagioso, también conocido con el nombre de molusco sebáceo de hebra, es una enfermedad de la piel, de naturaleza benigna que puede afectar a los niños pequeños, lactantes, preescolares y adolescentes, y es relativamente frecuente. Por lo general, no da síntomas ni los ocasiona en otras partes del cuerpo que no sea la piel. El nombre se origina por el aspecto que muestra el contenido de las lesiones al exprimirlas y a su fácil transmisibilidad.
     Desde 1841, Paterson demostró su naturaleza infecciosa. Actualmente, se sabe que es causado por un virus poxvirus que pertenece al grupo de Molluscipoxvirus.
     El molusco contagioso se presenta a cualquier edad, pero es mas común entre los 3 y los 16 años. La enfermedad se contagia por contacto directo o a través de objetos como pueden ser las toallas, o por compartir ropa contaminada, o por contacto sexual, especialmente en los adolescentes. Recientemente, se ha detectado la mayor frecuencia entre los niños que nadan en la misma alberca y donde posiblemente la transmisión sea por el contacto entre unos y otros, siendo también posible que el virus permanezca vivo en el agua y se adquiera directamente. Además, el mismo paciente puede autoinocularse al rascarse las lesiones. La contagiosidad es baja, pero se ha descrito que hay brotes en estancias infantiles o guarderías. Se desconoce hasta la fecha el periodo de contagiosidad pero se piensa que la enfermedad es contagiosa, mientras existan lesiones activas. El periodo de incubación, es decir, el periodo que pasa desde que un niño sano entra en contacto con un enfermo y el día que inicia la enfermedad, es de 2 a 7 semanas pero puede ser hasta de 6 meses.
     La lesión característica de esta enfermedad es una pápula (granito) que tiene una forma más o menos esférica, las lesiones más antiguas están umbilicadas en el centro –tienen un pequeño orificio--, son del color de la piel, su tamaño varía con la edad de cada lesión, desde forma de punto –o puntiforme-- de 1 mm hasta 4 ó 5 mm, que es lo más usual (ver fotos).En pocos casos las lesiones pueden alcanzar un mayor tamaño, hasta de poco más de un centímetro. A primera vista, parecen pequeñas ampollas o vesículas llenas de líquido, pero al palparlas e inspeccionarlas en forma cuidadosa se confirma su naturaleza sólida. El número de lesiones varía, desde una sola lesión hasta varias docenas, o aún, cientos de lesiones, sobretodo en los pacientes que tienen alteraciones en su sistema de defensas o sistema inmunológico, como por ejemplo, en los que tienen síndrome de inmunodeficiencia adquirida (VIH).  Las lesiones pueden estar localizadas en cualquier parte del cuerpo, pero lo usual es que las lesiones predominen en una parte solamente. En los niños pequeños, predominan en la cara, en el tronco y en las extremidades; y en los adolescentes, en la cara interna de las piernas, en los genitales y en la zona del pubis. No se afectan las palmas de las manos ni las plantas de los pies. La mayoría de las lesiones no causan ninguna molestia, aunque en algunas, cuando están en vías de resolución, pueden apreciarse signos de inflamación. Las lesiones pueden durar desde algunas semanas hasta uno o dos años. Muchas de las lesiones se infectan debido al rascado. Algunas lesiones, al ser eliminadas, dejan un pequeño agujero que tiende a cerrarse sin dejar cicatriz, aunque algunas pueden dejar una cicatriz pequeña en forma punteada. Existen reportes de molusco contagioso generalizado en pacientes con VIH. En los adolescentes con lesiones en genitales es importante descartar otras enfermedades de transmisión sexual. 
     Es frecuente el contagio entre los hermanos o contactos que conviven en la misma casa, por lo que se recomienda revisarlos.
     El diagnóstico prácticamente se establece por la forma, localización y características de las lesiones, esto es, por las manifestaciones clínicas, aunque unas pocas veces es necesario realizar otros estudios, como visualizar al microscopio el contenido de las lesiones o realizar una biopsia de una lesión. Ante un niño que presenta múltiples lesiones (pápulas) del color de la piel que no causan otro síntoma, se deben analizar con una lente de aumento para buscar si están umbilicadas, lo que establece el diagnóstico clínico. 
     Otras enfermedades que se pueden confundir con el molusco contagioso son la trombidiasis -- causada por la reacción a un parásito del género trombiculidae frecuente en las aves de corral y que también ocasiona unas ronchitas o granitos umbilicados al centro--, el prúrigo por insectos,  los nevos benignos, los granulomas juveniles, las verrugas vulgares o mezquinos y otras.
     La enfermedad es autolimitada, esto es, que sin recibir ningún tratamiento se puede curar sola, aunque las lesiones podrían tardar entre 6 meses y dos años en sanar, pero la desaparición completa podría tardar 4 años. El tratamiento de las lesiones no genitales se da principalmente por motivos estéticos, aunque en adolescentes o adultos jóvenes con lesiones en genitales el tratamiento es para prevenir la propagación a los contactos. También con el tratamiento se evita la autoinoculación, se limita la transmisión del virus a los contactos cercanos y se previene una infección secundaria ocasionada por el rascado de las lesiones.
     El tratamiento consiste en la destrucción de cada lesión, minimizando el trauma de la piel circundante. Se han propuesto varios tipos de tratamientos.
     El más simple es el llamado curetaje o extracción de cada lesión, que se realiza con una cucharilla especial o con una aguja aplicando previamente una solución antiséptica. Rara vez se requiere anestesia local para realizar este proceso. También se ha utilizado la crioterapia, en la que las lesiones se tratan con nitrógeno líquido. Este tratamiento necesita ser repetido cada 2 a 4 semanas y existe la posibilidad de que se formen ampollas y dejen cicatriz. Este tratamiento es mejor en los niños mayores y cuando existen pocas lesiones de tamaño más grande. También se ha utilizado la aplicación de sustancias cáusticas en cada lesión, como la podofilina, el hidróxido de potasio (KOH), ácido tricloroacético al 25%, ácido salicílico al 15 % y la cantaridina. Esta última ha demostrado ser eficaz en el 90% de 300 niños tratados que mejoraron después de sólo dos tratamientos. No se reportaron complicaciones.  Sin embargo algunas  sustancias cáusticas podrían causar quemaduras por lo que se debe proteger la piel sana alrededor de la lesión.
     Se ha usado un medicamento, el imiquimod, que favorece la liberación de ciertas sustancias que funcionan como antiviral . Se aplica en cada lesión por las noches, 3 veces por semana, y se lava la piel por la mañana; la duración del tratamiento es de 4 a 12 semanas. Los efectos secundarios son leves, puede ocasionar discreto dolor y sensación de quemadura durante su aplicación. Tiene la ventaja de que el medicamento puede ser aplicado al niño por los padres en su casa, aunque a veces se combina con la aplicación de cantaridina en el consultorio.
     La tretinoína  aplicada de manera local en las lesiones también ha demostrado ser eficaz.
     En Australia han probado el aceite de una variedad de limón (Backhousia citriodora) obteniendo una reducción de 90 % en el número de lesiones después de 21 días de tratamiento y sin reportar efectos secundarios al tratamiento. Se ha utilizado la cimetidina por vía oral aunque se reportan otros estudios en los que no han demostrado un beneficio.  No existen medicamentos antivirales ni vacunas que sirvan para tratar esta enfermedad. 
     En los pacientes con inmunosupresión  el cidofovir en aplicación tópica ha resultado eficaz. 
     El láser pulsado de color es una terapia nueva, que aunque es de los tratamientos que pueden resolver la enfermedad más rápidamente, tiene el inconveniente de su alto costo, de que se necesita equipo especializado y de que puede dejar como consecuencia una pigmentación de la piel en el sitio de la aplicación, pero que puede ser transitoria. En general, es bien tolerado, no causa dolor y existe poca posibilidad de que deje una cicatriz.
     Son frecuentes las recurrencias en el caso de esta enfermedad, ya que las lesiones iniciales a veces son muy pequeñas y difíciles de detectar, por lo que es importante extraer o tratar todas las lesiones.
     Dado que los moluscos están en la epidermis, la capa más superficial de la piel, hay que tener cuidado de no sobretratarlos, ya que pueden dejar una cicatriz permanente. Se puede decir que un paciente está curado cuando tiene ya cuatro meses sin presentar lesiones.
Los moluscos contagiosos no deben impedir que un niño vaya a la guardería, a la escuela, o nade en albercas públicas. Cuando sea posible las lesiones que no están cubiertas con ropa hay que cubrirlas con un vendaje impermeable en especial al participar en deportes o al nadar y cambiarlo a diario o cuando se ensucie.

Recomendado:


Imágenes de molusco contagioso


Molusco Contagioso

Molluscum Contagiosum in Children

Patient information: Molluscum contagiosum (Beyond the Basics)



© Dr. Roberto M. Murguía Pozzi    



viernes, 20 de enero de 2012

MORETONES, MORETES O CARDENALES

Un motivo usual de consulta es el niño al que la madre le encuentra numerosas manchas violáceas en el cuerpo. Éstas también se conocen como moretones, moretes, morados o cardenales y los médicos les llamamos equimosis o púrpuras. Son muy frecuentes en los niños, ya que reciben golpes que muchas veces pasan inadvertidos, pero pueden ser causadas por el maltrato físico, por abuso sexual, por enfermedades en la sangre y trastornos de la coagulación, como las púrpuras u otras enfermedades de la sangre. El color nos permite identificar el tiempo que tienen de haberse producido; por ejemplo, las recientes son de color rojo y azul, de uno a 3 días toman un color de azul oscuro a violeta, de 7 a 10 días un color verde amarillento, de más de 8 días un color amarillo-café y tienden a desaparecer a las 2 a 4 semanas.

Hace algunos años fué publicado un estudio en el que se investigaron niños menores de 36 meses que acudían a sus consultas de revisión del niño sano. Se encontraron moretones en el 20.9% de los cuales no se sospechaba que fueran víctimas de abuso físico, sólo el 2.3% tenía menos de 9 meses de edad, pero las presentaban el 17.8% de los niños que ya gateaban o que empezaban o ya caminaban. El sitio más frecuente fue la cara anterior de la pierna y la rodilla. Los moretones en estos niños son muy comunes también en la frente y en la parte superior de las piernas, pero es muy raro que se presenten en la cara o en el tronco y nunca en las manos o en las nalgas.

En otro estudio practicado por Carpenter, el 12% presentaba moretones, todos sobre la parte frontal del cuerpo y localizados en las zonas donde hacen prominencia los huesos, sobretodo la frente y las espinillas y algunas en la cara sobre las órbitas y el mentón. Se confirma que al aumentar la movilidad en los niños al ir creciendo, aumenta el número de moretones. En el caso de los niños de quienes se abusa físicamente, los moretones, por lo general, tienen varios días de evolución, ya que estos niños no son atendidos en forma inmediata a la lesión; además presentan moretones de diferentes colores, lo que sugiere que se produjeron en diferentes tiempos; éstos se localizan en los genitales, en las nalgas, en los hombros, en la espalda y en las manos, sobretodo en su cara posterior; también estos niños pueden tener quemaduras intencionales, laceraciones y lesiones con la forma del objeto con el que fueron provocadas.

Es importante no confundir la mancha morada llamada mancha mongólica de los recién nacidos que se presenta en la parte baja de la espalda o las nalgas con moretones de otras causas.

En el caso de abuso sexual, se pueden encontrar estos moretones en la zona genital, la vulva y en el himen.

Los pacientes que presentan un trastorno en la coagulación sanguínea, como los que padecen hemofilia A, tienen antecedentes de que les salen moretones fácilmente, pero por lo general tienen sangrados en las partes profundas de la piel y pueden tener la llamada hemartrosis, que es la presencia de sangre en una articulación; sin embargo, este diagnóstico es poco probable tratándose de niñas y generalmente encontramos el antecedente de que hay casos familiares de esta enfermedad. Los pacientes que cursan con alguna enfermedad en las que las plaquetas se encuentran bajas, como en las llamadas púrpuras, además de los moretones, pueden tener las llamadas petequias, que son pequeñas hemorragias microscópicas que se manifiestan como pequeños puntos rojos que se manifiestan bajo la piel; éstas son planas y no desaparecen ni se blanquean al hacer presión. Quiero aclarar que las petequias pueden aparecer en la cara de niños sanos que efectúan mucho esfuerzo al toser, al vomitar o al evacuar. También cuando las plaquetas se encuentran disminuidas es común que tengan hemorragias en otras partes del cuerpo, como por ejemplo, sangrado por la nariz.

También puede haber moretones en el caso de la leucemia linfocítica aguda en los niños, pero en ésta, además de los moretones, hay también petequias y puede haber manifestaciones de sangrado en la mucosa oral y en las encías, y un análisis de la sangre nos revela anemia, baja en las plaquetas, glóbulos blancos muy elevados o muy disminuidos y linfoblastos.

En mi experiencia, he visto que muchos niños que tienen moretones posteriores a golpes y se exponen al sol, se les fija el pigmento de la sangre en la piel, por lo que la mancha les puede durar mucho tiempo.

Ya que he mencionado varias causas que pueden originar estos moretones, quisiera recomendar a las madres que se acostumbren a ser observadoras para detectar éstos en forma temprana y consultar con el pediatra para determinar su causa.

jueves, 5 de abril de 2007

CÁNCER DE LA PIEL: CÓMO REDUCIR LA EXPOSICIÓN SOLAR EXCESIVA EN NIÑOS

El cáncer de piel se vincula a una exposición solar excesiva. La exposición ocurrida durante la infancia y la adolescencia determina que las neoplasias dérmicas aparezcan en la edad madura. La forma de prevenir estas entidades es la educación de los adolescentes y los niños. Por ello, los autores de artículo de referencia evaluaron la utilidad de las intervenciones en el grupo más vulnerable para prevenir y evitar las conductas riesgosas. Así, estudiaron a más de 800 niños y adolescentes de 11 a 15 años, divididos en un grupo de intervención y uno de control. En el primero, los participantes recibieron apoyo con charlas, material impreso y cartillas postales recordatorias. Se observó que estos participantes tuvieron una mayor incidencia de modificación de conductas que el grupo control. Esto confirma la eficacia de las campañas preventivas a una edad temprana para prevenir estas enfermedades.

Publicado en la revista Arch Pediatr Adolesc Med

miércoles, 24 de enero de 2007

FALLIDO TRATAMIENTO CONTRA LAS VERRUGAS VULGARES

Las verrugas vulgares son una patología infecciosa muy frecuente que genera gran preocupación en los padres de los niños en edad escolar. Por ello, los autores del artículo de referencia decidieron comparar dos métodos simples –poco ortodoxos, quizás– para erradicar la verruga vulgar. El estudio se llevó a cabo en 103 niños de 4 a 12 años con este trastorno. Los pacientes fueron asignados al azar a cubrir su verruga con cinta de aislar (Duct tape) o con un apósito una vez por semana durante seis semanas. Luego se evaluó la persistencia de la verruga y la presencia o no de lesiones concomitantes, así como de posibles efectos secundarios de la cinta. Los autores observaron que 16% de los pacientes tratados con cinta Duct tuvieron una resolución total de sus verrugas, mientras que sólo 6% del grupo placebo tuvo el mismo resultado. Por otro lado, 15% de los niños tratados con cinta Duct sufrieron episodios adversos, como eritema, eccema, lesiones y heridas, mientras que ninguno de los niños del grupo control tuvo alguno de estos problemas. Los autores consideran que pese a que hubo diferencias entre los grupos, éstas no fueron significativas en favor del tratamiento propuesto.

Publicado en la revista Arch Pediatr Adolesc Med. 2006 Nov;160(11):1121-5